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      (Roma, 2009) III, 1-2. (J. Pastor Miralles)

     En los diecisiete capítulos de este amplio estudio se presenta la historia, contextuada y minuciosamente documentada, de la Congregación de las Carmelitas Misioneras Teresianas, desde 1930 hasta 1947.

     El tono que se quiere seguir es el de "rigor científico, cercanía fraterna y afecto filial" (p.1l). Se nota, pues, en toda la exposición, la referencia continua y explicita a los documentos, la inserción en la familia carmelitana y la dependencia respecto al carisma del fundador, el Bto. Francisco Palau.

     Son años de un contexto civil muy zarandeado, por la guerra y persecución en España, la segunda guerra mundial y las situaciones de posguerra y de reconstrucción. En medio de dificultades de toda índole, también intraeclesiales, tiene lugar en la Congregación una restauración y una apertura misionera hacia el resto de España y hacia América. En ese contexto, se analiza el desarrollo de la vida congregacional: gobiernos generales, capítulos generales, comportamiento de las autoridades, fundaciones, etc. La referencia al P. Fundador es constante, pero parece como si la exhumación y traslado de sus restos (1947) quisieran resaltar un tono de esperanza, mirando hacia el futuro.

      Los amplios índices de personas y lugares (125 paginas) dan a entender la seriedad y minuciosidad del estudio, donde aparecen Papas, cardenales, obispos, padres carmelitas descalzos, religiosas, casas, lugares de trabajo y misión, etc. Es un periodo convulsionado, donde tiene lugar un resurgir imprevisto de vida consagrada y misionera. La abundancia de documentos sobre todos estos elementos personales e históricos, indica un imponente trabajo de investigación realizada seriamente.

     Los datos aportados quieren ser retazos de vida, que indican una "evolución arriesgada y pacífica" (P,2669), buscando la unidad que brota del "abrazo con las raíces profundas del palautianismo" (p.2670).

     El estudio se. desarrolla como queriendo ir mas allá de los años analizados, con una "mirada prolongada hacia el horizonte", destacando como "elemento vertebrador la pasión por la Iglesia" (p.9), para "recorrer caminos de pasión evangelizadora y de anuncio de la belleza de la Iglesia" (p.10).

     El hecho de releer este pasado, puede ayudar a asumir un compromiso para el futuro. La relectura se intenta hacer objetivamente, ofreciendo datos concretos y demostrados. Sería interesante hacer esta relectura desde la "autobiografía" (si existiera) de numerosas religiosas que vivieron estas circunstancias y, en ellas o pesar de ellas, se santificaron y se sintieron fecundas apostólicamente. Pero esas vidas quedan siempre escondidas en el corazón de Dios. El estudio histórico no siempre puede entrar ahí, aunque se podrían encontrar algunos destellos como en la Venerable Teresa Mira.

     Nosotros tenemos hoy la tentación de evaluar los datos del pasado histórico según nuestros criterios y sensibilidades. Tal vez no estamos en buen momento para hacerlo, puesto que adolecemos de cierta confusión y desánimo ambiental, como se puede captar con relativa frecuencia en los escritos actuales. Me parece que es el escollo que la autora de esta investigación, Hna. Josefa Pastor, ha intentado soslayar. De hecho, al apuntar hacia el futuro, se invita a ir ofreciendo datos para un eventual volumen IV, que "continua escribiéndose" y que se debe inspirar en un "aggiornamento" que tenga en cuenta la "intuiciones del Fundador", armonizadas "con los criterios evangélicos" (p.2674).

     Al describir las estadísticas del tiempo de M. Victoria de la Trinidad, se señala que de 560 profesas en 1947, se pasó a 1007 en 1959, aparte de las novicias y postulantes (p.2675). Como se sabe, el crecimiento siguió durante algunos años más, mientras, en la actualidad, las estadísticas son de descenso preocupante, como ocurre en la mayoría de las Congregaciones.

     Mientras he leído con atención los diversos capítulos de este estudio, me han venido a la mente muchas comunidades CMT (y de otras Congregaciones), donde se vive de fe, a la sorpresa de Dios. El ambiente de "esperanza gozosa" (Rm 12,12), de espíritu de familia y de comunión eclesial, así corno de fidelidad a las exigencias evangélicas según el propio carisma, son una garantía de que puede haber una restauración corno la hubo en los años descritos por la presente investigación.                            

 

Juan Esquerda Bifet

Recensión

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
  

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