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"El Consejo
General, a la
luz del proceso
de
reestructuración
que hemos
asumido, ha
decidido centrar
la reflexión
capitular en
torno al
siguiente tema:
«’Para que el
cuerpo crezca y
se construya a
sí mismo en el
amor’, las CMT
nos sentimos
llamadas a
dejarnos recrear
por el Espíritu
y a anunciar en
fraternidad, lo
que hemos visto
y oído».
El lema
escogido
«Como Iglesia y
para la
Iglesia»,
indica nuestro
SER y HACER
carismático y
nos impulsa a
cultivar y
ampliar día a
día, a todos los
niveles, los
espacios de
comunión en el
entramado de la
vida de cada
comunidad. Una
comunión, que no
se entiende sin
la misión, sin
salir al
encuentro de
nuestros
hermanos a
anunciarles la
Buena Nueva del
Reino.
Necesitamos
discernir si
estamos
respondiendo o
no a los signos
de los tiempos a
través de los
cuales nos
interpela el
Espíritu.
Debemos
enfrentar una
disyuntiva: o
nos abrimos y
nos dejamos
llevar por la
fuerza
renovadora, del
Espíritu o bien
nos resignamos a
ser algo, quizá
digno de
admiración, pero
que no dice nada
-o muy poco- al
hombre de hoy.
Todas
nosotras,
impulsadas por
el mismo
Espíritu, somos
consagradas para
ser enviadas.
Sí, la misión
nos ofrece la
extraordinaria
oportunidad de
rejuvenecer y
embellecer a la
Esposa de Cristo
y al mismo
tiempo, nos hace
experimentar una
fe que renueva y
fortalece la
vida,
precisamente
porque se dona.
En un mundo cada
vez más
secularizado,
donde da la
impresión que
Dios no cuenta y
son escasos los
signos de
trascendencia,
no podemos vivir
una vida
consagrada que
no esté fundada
en la
experiencia de
Dios. Es muy
difícil hablar
de Dios, si no
nos hemos
encontrado con
Él. Tenemos que
ser capaces de
contar nuestra
experiencia
religiosa, como
Teresa, como
Palau. Es lo
único que nos
hace creíbles.
Es también lo
que permite a
las jóvenes
descubrir que
Dios les está
llamando, a
través de qué
les está
hablando y cómo
tienen que hacer
para escucharlo
y seguirlo.
El
Espíritu Santo
da los carismas
y talentos para
llevar a cabo
los diversos
servicios que
requiere la
construcción del
Cuerpo de
Cristo, que es
la Iglesia. El
hace posible la
unidad en la
diversidad. Si
escatimamos
nuestros propios
dones en vez de
ponerlos al
servicio de la
comunidad, si
los vemos como
opuestos en vez
de verlos como
complementarios,
si vivimos en
competitividad
en vez de vivir
en solidaridad,
quiere decir que
estamos ahogando
el Espíritu.
La
profundización
en el tema
central del
Capítulo General
y las opciones
que de él se
deriven, nos ha
de ayudar a
todas a reforzar
nuestro sentido
de pertenencia a
la comunidad
congregacional y
a tomar renovada
conciencia de su
historia y de su
esfuerzo por ser
fiel al carisma
recibido, en los
distintos
tiempos y
lugares. El
camino hacia el
Capítulo, que
iniciamos, nos
compromete a
buscar cómo dar
hoy expresión a
un carisma que,
para mantener su
vitalidad, ha de
saber dialogar
con las
situaciones
concretas de la
humanidad en
cada momento
histórico"
Cir. Luisa
Ortega, cmt Sup.
Gral.
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